El abogado postulante ante los retos del Sistema de Justicia Acusatorio Parte I

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La reforma constitucional en materia penal trajo consigo el cambio de grandes paradigmas en el ejercicio de nuestra profesión entre los que destacan la desaparición de la persona de confianza como defensor y la tecnificación del litigio penal.

Lo cierto, es que toda persona que decida consagrar su vida a esta profesión sabe que se compromete a una constante actualización a través del estudio, es decir, quien decide estudiar Derecho decide estudiar para toda su vida.

Los abogados son esenciales en un Estado democrático de derecho ya que la preparación de buenos profesionales que cuenten con una sólida formación incidirá en gran medida en la calidad de nuestra democracia y en la calidad que se preste a la ciudadanía. El abogado funge como un interlocutor entre las instituciones y la sociedad, pues es quien conoce el significado y el alcance de las normas y puede facilitarlo a la ciudadanía.

Debemos de entender a la abogacía como una vocación de vida, un ministerio al que la ley reviste con el privilegio de defender la libertad, el patrimonio y cualquier derecho que tengan las personas, por lo que es deber de cada defensor hacer valer y respetar la dignidad humana en cada una de sus actuaciones.

Ser abogado significa agregarse al esfuerzo cotidiano de dignificar la profesión, debemos pensar que el jurista tiene  la misión de ejercer esta profesión en interés del derecho y la justicia, así como constituirse en auxiliar en la administración de justicia para lograr los fines de utilidad pública que  tienen encomendados todos los operadores del sistema.

En la actualidad, un buen abogado debe, necesariamente, poseer capacidad de argumentación jurídica, eficacia en el análisis, destreza comunicativa y habilidad negociadora para dirimir cuándo conviene judicializar un problema y cuándo no. Es decir, más allá de conocer la ley el defensor debe ser sensible ante sus clientes, mantener una relación de confianza y comunicación constante; informar, saber explicar y despejar todas las dudas sobre el procedimiento que pueda tener el cliente, explicar los alcances y el método de su estrategia y plantear desde un inicio todos los escenarios posibles.

El mayor reto que enfrenta el jurista es el de conciliar los intereses de sus clientes, no siempre legítimos, con los del contrario. La reforma penal abre una puerta muy grande hacia la conciliación y las salidas alternas, sin embargo aún muchas personas piensan en el derecho penal como aquel de la venganza pública. En este sentido todo postulante tiene una obligación ética para con sus clientes y con la sociedad y debe ser el primer promotor de los derechos, explicando a sus clientes los alcances de sus peticiones y la procedencia de las mismas, es decir; el buen abogado será aquel que busque la justicia en sus actos y en los de sus clientes, no el que busca que su cliente gane a toda costa, sobre todo cuando lo que persigue no es legítimo.

Continuará…

En esta ocasión agradecemos por su valiosa

participación externa a esta columna de

Rodolfo González Espinosa

Licenciado en Derecho y Maestro en Derecho Penal por

la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

 @rodogleze

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