El abogado postulante ante los retos del Sistema de Justicia Acusatorio Parte II

El postulante tiene la titánica tarea de sensibilizar a sus clientes y a todo aquel que se acerque o le pregunte sobre la transformación de una justicia vengativa a una justicia restaurativa que busca la reparación del daño a la víctima de un delito más que la detención y el castigo de los delincuentes.

Derivado de las enmiendas al sistema de justicia hoy por hoy el mejor abogado no es aquel que más juicios tramita o que más sentencias favorables obtiene, el mejor abogado es el resolutivo, el que entrega resultados a sus clientes en función de los que éstos solicitan. Los abogados debemos entender y flexibilizar nuestro método de trabajo ante las formas alternas de solución de conflicto, buscar en la medida de lo posible una negociación que deje a las partes satisfechas y resuelto un problema.

Los abogados enfrentamos una crisis de credibilidad, formamos parte, nos guste o no, de un sistema que se ve manchado (y que en realidad lo está) por la opacidad, la corrupción y la impunidad y al que durante muchos años hemos contribuido. Escuchar la famosa frase “entre abogados te veas” se vuelve lapidaria y una especie de maldición a quien se le dice. El gran reto de los abogados mexicanos consiste en trabajar todos los días por recuperar la confianza de las personas.

La impunidad es un cáncer para el derecho y el sistema penal tradicional ha permitido en gran medida, debido en parte a la carga de trabajo y en parte a la mala capacitación de algunos operadores jurídicos, generar un justificado malestar en la sociedad, el abogado tiene entonces que imponer la ley y el derecho buscando que a cada quien se le de lo que le corresponde.

El sistema de justicia penal permite, por su propia naturaleza, ponerse a prueba constantemente pues el juez evalúa la labor de los abogados y los fiscales, así como estos la labor del juez y de su contrario en un ejercicio público donde no habrá cabida para la mediocridad y para distorsionar la realidad, las personas podrán darse cuenta si su abogado sabe o no sabe durante el proceso y no por boca del mismo abogado.

Es cierto que la reforma per se y las buenas intenciones de los abogados no bastan para revertir una tendencia de años, es necesario articular políticas públicas que obliguen a la transparencia en el ejercicio de la profesión, a la certificación de los operadores jurídicos, que generen mecanismos que permitan retirar cédulas profesionales a quienes defrauden o engañen a sus clientes; que busquen acabar con la corrupción y la opacidad completa del sistema.

En ese sentido hay quienes buscan la colegiación obligatoria como una medida que permita regular y fiscalizar en mayor medida el ejercicio de la profesión (tal y como sucede con los médicos), resolviendo, según dicen, el problema de los mediocres e incompetentes que engañan a la sociedad y enlodan la profesión, garantizando mediante certificaciones, cursos y capacitaciones constantes abogados profesionales y eficientes tal y como ocurre en otros países de occidente (EE.UU., Alemania, Francia, España, entre muchos otros). Además, estableciendo un marco regulatorio de la responsabilidad profesional obligando a quienes incumplan en su labor a responder por los daños y perjuicios que hayan causado.

Sin embargo, quienes se oponen lo hacen argumentando por un lado la restricción al ejercicio libre de la profesión y por el otro, advirtiendo de los peligros de crear una oligarquía que decida sobre el quien puede y quien no ser abogado en México.

Lo cierto es que hoy por hoy carecemos de un código de ética que permita dilucidar que asuntos tomar o defender y cuáles no, o si defender los intereses de un cliente permite justificar cualquier medio.

El ejercicio de la profesión en nuestro país se enfrenta al descredito y depende de los buenos abogados adaptarse a las nuevas condiciones y prácticas, continuar con un estudio constante y poder ser, como ha sido su vocación, el salvaguarda del estado de derecho y el intérprete de la norma frente a la sociedad.

En esta ocasión agradecemos por su valiosa

participación externa a esta columna de

Rodolfo González Espinosa

Licenciado en Derecho y Maestro en Derecho Penal por

la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

 @rodogleze

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