Comunidades advierten castigo para delincuentes

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Vecinos de San Salvador  amarraron y golpearon a delincuente.

Valle del Mezquital.- Cada día es mayor el hartazgo y la preocupación ciudadana, por la creciente ola delincuencial, en los diferentes municipios integrantes de esta región, ante la incapacidad de los cuerpos de policía tanto de los ayuntamientos como del estado.

Por esos motivos, a la par crece el número de comunidades en cuyos accesos principales, a modo de bienvenida, han sido colocados sendos letreros con advertencias, en un afán de inhibir potenciales actos delincuenciales y con el fin de que no se vean violentadas la tranquilidad y paz vecinales.

Por ejemplo, en una de las entradas a la comunidad Cerritos Remedios, mayoritariamente habitada por originarios hñahñús, recientemente se ordenó colocar una placa en la que claramente se puede leer “bienvenidos”, pero, a letras rojas, destaca la contundente palara: Advertencia.

Enseguida se señala que “toda persona que sea sorprendida cometiendo algún delito o vandalismo será sancionada de acuerdo a los Usos y Costumbres. Vigilancia las 24 horas. Respete los límites de velocidad y los señalamientos viales. Atentamente la delegación y guardia comunitaria”.

Sin embargo, existen casos, en otras comunidades, en que las advertencias mediante letreros van más allá, pues de plano, en ese mismo ejercicio de los Usos y Costumbres, los pobladores retienen a los presuntos delincuentes, les aplican sanciones económicas de acuerdo con sus reglamentos internos y hasta los golpean, al borde del linchamiento.

Situación similar ocurrió el reciente fin de semana, en la comunidad La Flor, perteneciente al denominado Valle de Xuchitlán, a su vez ubicado en el municipio de San Salvador, y donde fue sorprendido un sujeto, en pleno intento de hurto de una camioneta tipo pick-up.

Tan luego retuvieron al probable ladrón, los mismos lugareños, lo amarraron a la parte trasera de la camioneta; luego lo hicieron caminar por gran parte del Valle, a punta de cinturonazos y en claro afán de exhibirlo. Más tarde lo entregaron a las autoridades competentes, al borde del desmayo, por los mismos golpes y casi insolado. Pero, ante los cientos de casos como este, ni así entienden los delincuentes…

Por Arturo G. Alanis

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