*Encarecen voto sin reducir pobreza.

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columnaAlberto Witvrun

El escenario que vive la Huasteca es poco recomendable por la ambición de personajes y una política electorera que beneficia a pocos sin resolver la pobreza que convirtieron las elecciones en supervivencia para muchos y negocio para los que “invierten” a cambio de obra pública que deja impresionantes ganancias y la obsesión de poder político.

En tres lustros se fueron acuñando personajes como Andrés Espinosa Galván que financiado desde Pachuca se convirtió en “avezado” operador con poder para reprimir pistola en mano a comerciantes y al no recibir el “premio” que según él merecía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 2012 fue candidato a diputado federal de Acción Nacional (PAN) y hoy se encuentra encarcelado enfrentado procesos penales uno por el homicidio del ex diputado Jorge Andrés Hernández.

Paralelamente prósperos empresarios le “invirtieron” a candidatos en varios municipios a cambio de recuperar su inversión y obtener ganancias a través de obra pública en ocasiones con visto bueno de los hombres del poder lo que repercutió en cargos de elección popular para algunos de ellos, que facilitó ampliaran su influencia a municipios serranos, de San Luis Potosí y Veracruz.

Hoy los partidos son instrumento de personajes y grupos que disputan el control político y aumentar fortunas a costa de la pobreza porque si revisamos la inversión gubernamental en la Huasteca nos sorprenderíamos que cientos de millones no abaten la pobreza, porque en elecciones regalan cemento, láminas y pelotas a cambio del voto, pero no soluciones a la falta de oportunidades.

Sólo aumentan el costo de la elección al grado que se estima que quien quiera ser alcalde tendrá que invertir alrededor de 35 millones de pesos; obvio que luego él y sus “mecenas” recuperarán vía obra pública, mientras la pobreza permanece si no hay un golpe de timón.

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