Expresión política

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Juan José Fuentes López

Si bien es cierto que la renuncia de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI al papado de la Iglesia Católica causó consternación y sorpresa, lo es también que  esta dimisión despierta confusión y dudas, porque el poderoso Vaticano no atraviesa su mejor época.

Raras, pocas han sido las renuncias a la elevada investidura, más bien, han sido sucesos obligados, como lo consigna la historia, de ahí que la intempestiva renuncia de Benedicto XVI se considera un hecho inédito.   

¿Qué hay detrás? ¿Cuál es la verdad? Interrogantes que surgen independientemente que el todavía Papa en funciones haya declarado que renuncia por su deteriorada salud, por su avanzada edad y porque no se siente con la fuerza necesaria para seguir siendo el sucesor de San Pedro.

La iglesia católica está en crisis, por temas como la pederastia y al interior por revelaciones de un cercano colaborador de Benedicto XVI, por la crítica situación económica de Europa, mientras la banca del Vaticano acumula fortunas, y lo peor, decrece el número de fieles ante el surgimiento de otras religiones y sectas porque la fe en el catolicismo disminuye dramáticamente, porque no se transforma a los tiempos y exigencias actuales.

Requiere la Iglesia Católica y el Estado Vaticano, una refundación, una renovación radical, en la que se toquen a fondo temas de la concepción, sus controles, incluido el aborto, porque millones de mujeres no están dispuestas a seguir sometiendo su derecho a concebir o evitarlo, sólo  por el divino mandato del catolicismo.  

Ya se busca  al sucesor de Joseph Ratzinger. Ya se mencionan nombres.

Muchos apuestan a que se volverá a la tradición de que el sucesor de San Pedro sea italiano, para otros es lo de menos; también se especula que se podrían decidir por un Cardenal de relativa juventud a fin de que no se repita lo de Benedicto XVI, pero igualmente se busca evitar que el futuro Papa se eternice en el mando.

Que si negro, que si rubio, en fin, lo importante será que tenga el suficiente carisma para atraer fieles; que no esté casado con las ya inoperantes y obsoletas reglas de la iglesia católica; que esté decidido a encabezar el cambio.

Por cuestiones de evangelización, llevan la delantera cardenales del continente americano y de África. De América: Estados Unidos y Brasil, y muy lejanamente, México; de donde  podría salir el futuro Papa; de África, sería de Nigeria o Ghana, y obvio algún cardenal de Italia, -que suma 28-, para regresar a los viejos moldes. 

En la primera semana de marzo surgirá el  humo blanco, allá en la Plaza de San Pedro, que se  espera sea el parte aguas para que el catolicismo retome su liderazgo entre los creyentes del mundo.

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