MATRIMONIO, DERECHOS HUMANOS Y CONVENCIONALIDAD (2da parte)

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En este orden de ideas, se puede afirmar que el matrimonio ha cambiado a lo largo de la historia, tan es así, que empecé este artículo con la sapiente traducción  que hiciera el destacado Doctor León Ponce Portilla, en su libro Huehuehtlahtolli, del cual extraje algunos párrafos que destacaban los sabios consejos que el padre con alto sentido moral, le prodigaba a su hija a punto de casarse.

Pues, en el México prehispánico se notaban los matrimonios con respeto a ritos y ceremonias propios de cada pueblo, que no obstante, permitían en algunos casos, tener varias mujeres como parte del privilegio entre la casta pudiente y principalmente entre reyes y señores; aunque se castigaba con pena de muerte a los adúlteros, respecto al resto del pueblo; con la llegada de los españoles se impuso el matrimonio monogámico.

En Hidalgo, hoy en día, el divorcio es descausalizado, lo que implica que la voluntad de los cónyuges impera para no continuar con el matrimonio y en el que se destaca la omisión del adulterio, como una causal del divorcio.

Por lo que, actualmente los cambios sociales han  provocado modificaciones fundamentales en la vida de las familias, en aspectos  tales como, la división del trabajo  en el hogar, el ejercicio, valoración  y percepción  de los nuevos roles de sus integrantes; las relaciones de género, la convivencia  de distintas generaciones; y las pautas de derechos y obligaciones (Feijoo, 1993).

El aumento de los hogares monoparentales, como resultado de la mayor  incidencia  de separaciones  y divorcios y del incremento de la jefatura femenina de hogar, sugiere una presencia cada vez mayor de las mujeres que enfrentan los trabajos productivos y reproductivos  necesarios para llevar a cabo  la subsistencia de sus hogares (Oliveira 1996).

Ello, resulta particularmente relevante  si se estima que  la mayoría de los niños que viven en hogares  monoparentales permanecerá en una familia  de este tipo, encabezada generalmente por su madre, por el resto de su  niñez.

Sin embargo, la dinámica familiar no descarta la posibilidad de que otros adultos   se incorporen, temporal o permanentemente a la unidad doméstica, o como sería  deseable, que intervengan sistemas financieros ajenos a la propia familia. (Duran 1988) en la reestructuración y emergencia de las funciones familiares (Lasson de 1997).

Por otro lado, el matrimonio entre homosexuales en el Distrito Federal no es Inconstitucional,  ya que la acción de la misma, relativa al matrimonio  entre personas del mismo sexo  y adopción, conforme a los artículos  146 y 391 del Código Civil  para el D.F, se declaró por la Suprema Corte de Justicia de la Nación  que no había tal inconstitucionalidad como lo expresó el procurador  General de la República.

Por esta acción, los matrimonios declarados en el Distrito Federal, si cuentan con eficacia jurídica en el resto del país, ya que la propia Corte así lo  expresó en el citado expediente 2/2010.

Por otra parte, el Alto Tribunal sostuvo en relación  al artículo 121 de la Constitución Federal, particularmente en la fracción IV, que condiciona el reconocimiento de validez de los actos del estado civil a que se ajusten a la legislación del estado donde se celebran, más no, a que se ajusten a las leyes de los demás estados o que no las contravengan, pues no se desprende que haya una posición “prevalente” del estado receptor frente a la de la entidad emisora.

Asimismo, dentro del matrimonio entre homosexuales o del mismo género, si se puede solicitar  la adopción en cualquier estado de la República.

En Hidalgo, esta disposición quedaría supeditada como cualquier solicitante, a cubrir los requisitos que establece el artículo 208 de la Ley para la Familia y específicamente, la fracción IX que tiene que ver con “la idoneidad, previa valoración psicológica y socioeconómica de los solicitantes, realizada por el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del Estado, DIF.

Tal  disposición  está acorde a la reforma constitucional  del 10 de junio del 2011 y a los tratados  internacionales de Derechos Humanos que protegen la cabalidad, la libertad, la igualdad y la no discriminación de todas las personas.

En conclusión, hoy en día la relación humana, se ha tornado aún más compleja, y no nos sorprende ver en las relaciones de noviazgo, ya heterosexual u homosexual, la existencia de todo tipo de violencia, no sólo física, sino económica y psicológica. Ahora es común observar como los jóvenes les obsequian un moderno celular a su pareja, para que se reporte y exprese su ubicación, para saber qué hace y con quién está, y aun si la desconfianza impera, exigiría una fotografía  de los hechos para evidenciar.

Por supuesto, que la violencia es un problema que se puede evitar y/o solucionar, empezando en la casa; con los consejos (no regaños) orientaciones, apoyo y ejercicio de la comunicación de los padres con sus hijos. No es idéntico al México prehispánico al que referí al inicio de este artículo, pero coincidente con esta responsabilidad filial.

Empecé, aludiendo a los consejos que el padre mexica expresaba a su hija en el momento de casarse, y al leer nuestra Ley para la Familia, observo que no contiene ningún precepto legal que aluda al actuar del padre en estas mismas circunstancias, sin embargo, con la reforma constitucional ya expresada, se erigen los Derechos Humanos como guía de conducta, ante la omisión legal y así, el padre moderno deberá aconsejar a su hija próxima a casarse, que se respete a sí misma y que haga respetar su dignidad e integridad como mujer; que haga respetar sus libertades de expresión, pensamiento y decisión y sobre todo, que piense en el bienestar y buena educación de sus hijos porque de ello dependerá el futuro de éstos.

La Convención Americana de los Derechos Humanos establece en su artículo 17.4, lo siguiente: Los Estados Parte deben tomar medidas apropiadas para asegurar la igualdad de derechos y la adecuada equivalencia de responsabilidades de los cónyuges en cuanto al matrimonio, durante y en caso de disolución del mismo. En este último caso, se adoptarán las disposiciones que aseguren la protección necesaria a los hijos sobre la base única de interés y conveniencia de ellos.

El matrimonio es una decisión que motivada por un sentimiento (en el ideal de los casos) genera las uniones y consecuencias familiares y legales, que en cada época se ve teñida con el color propio de las circunstancias y los retos que la complejidad social representa; no dudo que en el mundo actual se enfrente a las “alegrías penosas”, como dijera León Portilla: con mejores instrumentos de talla internacional como lo son los tratados internacionales, para preservar la dignidad humana.

 

Magistrado Jorge Antonio Torres Regnier

Presidente de la 2da Sala Civil y Familiar del TSJ.

 

 

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