Moreira contra Aguayo, otra sombra para el periodismo

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Sería de risa saber, que Humberto Moreira Valdés, exgobernador de Coahuila y expresidente nacional del PRI demandó civilmente, por presunto daño moral a su prestigio y honor, al doctor Sergio Aguayo investigador académico del Colegio de México y articulista, bien acreditado en ambas actividades. Pero  recomiendo no tomar a chunga el asunto porque es demasiado serio, por las sombras que asoman contra el ejercicio del periodismo.

Es casi seguro que de proceder el juicio civil contra Sergio Aguayo en el Distrito Federal, el otro Moreira perderá, ya sea en el juzgado o en las instancias siguientes como son los tribunales y la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ya hay varios antecedentes que han fijado los ministros de la Corte que defienden la libertad de opinar cuando no hay mentiras o dolo en el ejercicio periodístico. Lo preocupante es la intención del político: coincido con Aguayo que en el fondo de la demanda es amedrentar para acallar.

Sergio sabe cómo enfrentar estos asuntos con éxito, pero además una de sus fortalezas es esa vasta red de colegas académicos y periodistas afines a sus investigaciones y sus efectos sociales. Por años estuvo colocado en el otro lado, como demandante, en otro juicio civil por delitos de honor:  él demandó a su colega y compadre Primitivo Rodríguez Oceguera y le ganó el juicio por daño moral que duró varios años. Hasta donde sé, Sergio le condonó al perdedor gran parte de los varios millones que debía pagarle.

Las sombras

Insisto, lo preocupante es el fondo de la cuestión: amedrentar con la aplicación de la ley para acallar a un periodista que, por su discilina académica, se entiende que sustenta muy bien sus afirmaciones (Sergio entra en la definición legal de la Ley de Protección respectiva por sus labores de investigar, difundir y opinar en medios periodísticos).

Son demasiados los indicadores de agravios contra periodistas para acallarlos: amenazas directas o indirectas, presión a sus empleadores, agresiones verbales o físicas y hasta asesinatos. El tipo de agresión menos utilizada por políticos y particulares contra periodistas hasta ahora es el jurídico. Si “prende” esa demanda de Moreira será por presiones extralegales de quienes coincidan en silenciar a Sergio porque el mensaje será que si lo acallan a él, será más fácil hacerlo con otros.

El problema de esa posibilidad que amaga es que no sólo existen los códigos civiles para que la gente de defienda del periodismo mal ejercido, sino que son ya decenas de leyes que penden sobre medios y periodistas que restringen el libre flujo de la información y de las opiniones.

Al respecto he reflexionado varias veces en esta columna y lo compilé en un ensayo sobre las vulnerabilidades de los periodistas, difundido por Freedom House  y la Casa de los Derechos de Periodistas A.C.  Me autocito:

Hasta hace 12 años, las pocas restricciones a la libertad de expresión (y a sus usuarios principales que son los medios de prensa y los periodistas) estaban en la anacrónica Ley de Imprenta de 1917, en el artículo 6º constitucional “en caso de que se ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público…”; en el Código Penal Federal y sus similares en las 32 entidades por los llamados delitos de honor, calumnia y difamación.

Ahora, nuevas restricciones se derivaron de la reforma reciente el artículo 1º constitucional de ampliación de los derechos humanos y se desarrollaron en dos leyes reglamentarias: la Ley General para Prevenir la Discriminación y Ley General para la Protección de Niñas, Niños y Adolescentes.

En la primera se prohíbe toda discriminación incluso en los medios de comunicación y en la segunda se sancionaran a medios electrónicos e impresos que manejen imágenes o historias que “puedan implicar menoscabo de su honra o reputación” de infantes y jóvenes

Nuevas limitaciones se agregaron a los artículos 6º y 28 constitucionales y se ampliaron en las leyes General Electoral y la de Telecomunicaciones: se prohíbe la transmisión de publicidad o propaganda presentada como información periodística o noticiosa y se limita la contratación de propaganda electoral a particulares; igual se norma a la radio y televisión para evitar monopolios y para que se preserve “la pluralidad y la veracidad de la información, así como el fomento de los valores de la identidad nacional”.

Otras restricciones se impusieron en el Artículo 134 constitucional y sus leyes secundarias para servidores públicos que limitan los espacios mediáticos que ocupaban para su promoción individual en los los mensajes institucionales.

Igualmente hay nuevas acotaciones para la trasmisión de datos personales y de documentos oficiales en la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental; al igual que se constriñe la difusión de imágenes, datos y de procesos judiciales tanto de víctimas como de presuntos culpables en el nuevo Código Nacional de Procedimientos penales.

Respecto a los derechos individuales al honor y la reputación, si bien se despenalizaron a nivel federal y en 21 entidades esto no significa que desaparecieron como restricciones. Ahora son faltas que se sancionan en el Código Civil Federal (Artículo 1916). En otras 11 entidades aún persisten cómo delitos penales la difamación y la calumnia.

Y hay más. Por ejemplo en materia de libertad de expresión en la Internet, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) investigó la existencia de nuevas acotaciones en diez leyes secundarias que sin mencionar la Internet ingresan el término Medio Electrónico o Informático: Código Civil; Federal; Código de Comercio; Código Federal de Procedimientos Civiles; Código Fiscal de la Federación; Código Penal Federal; Ley de la Propiedad Industrial; Ley Federal de Protección al Consumidor; Ley Federal del Derecho de Autor; Ley Federal de Telecomunicaciones; Ley de Información Estadística y Geografía.

El contraste es abismal. Es muy poco lo que se ha legislado en favor del ejercicio del periodismo. Esas son las sombras amenazantes, que si los polìticos quisieran aplicar esas leyes con rigor el silencio sería monumental.

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