Otto, qué siga el programa para titular periodistas

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CIUDAD DE MÉXICO, 10OCTUBRE2017.- Otto Granados Roldán, subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), durante la entrega por parte de la secretaria al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de los folios de validez oficial para impartir el primer grado de educación preescolar en las guarderías del IMSS. FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

Por Rogelio Hernández López

No recuerdo cuando comenzó el tuteo con Otto Granados. No somos amigos. Creo que yo lo veo con la distancia que un reportero debe tratar a los funcionarios públicos. No obstante, si lo tuviera enfrente estos días le diría cuatro cosas, obviamente con la lógica irreverencia de reportero:

Primera. Hasta que se te hizo ser Secretario de Estado. Lo más cerca que estuviste fue entre 1988 y 1992 cuando fuiste el vocero de la presidencia Carlos Salinas de Gortari.

Dos.- En los escasos cuatro meses que llevas como Secretario de Educación Pública ya comenzaste a dar color como el experto en políticas públicas que eres: dar continuidad y realinear a los programas más importantes que atienden allí y que dormitaban o padecían crisis.

Esas capacidades con esa actitud ya comenzaron a beneficiar tambiérn al periodismo, aunque sea transversalmente, porque decidiste encabezar la aplicación del acuerdo 286. Ya era hora. Desde 2009 se aplicaba sin fuerza, con torceduras y barruntos de corrupción.

Tres. Como efecto, de esa vigorización del 286, el viernes 23 de febrero entregaste títulos de licenciatura a 76 periodistas empíricos de varios entidades del país. Esa acción que apenas trascendió como pequeña nota en dos portales y dos impresos de los estados.

Sin embargo aseguro que fue un acto muy trascendente para mis colegas recien titulados y para el periodismo, así sea a la larga. Lo único que lamento es no haber estado en esa simbólica liturgia de entrega de títulos; apenas el miércoles 28 de febrero me enteré accidentalmente. Reitero, es un gran acontecimiento, aunque no fuese noticia de estruendo y explico porqué.

La SEP lo debía

En uno de los libros que he pergeñado (Sólo para periodistas. Grijalbo 1999, pp 49, 50) reclamé que en la SEP no quisieron aplicar el acuerdo 286 que había sido madurado durante cuatro años entre periodistas y personalmente el entonces Secretario de Eduación Pública, José Ángel Pescador Osuna, quien lo firmó en 1994 para que sucediera su publicación en el diario oficial.

Escribí en ese libro que antes, desde 1990 varios miembros de la Unión de Periodistas Democráticos y de la Coordinadora de Trabajadores de la Comunicación impulsamos un plan de profesionalización de periodistas. Eran tiempos en que la academización del gremio era muy baja y también por eso eramos más vulnerables frente a las empresas, frente a los políticos y cómo después confirmamos como con el  asesinato de Manuel Buendía que eramos y somos extramadamente vulnerables frente a los malechores armados. La profesionalización, sigo creyendo, es la primera y principal fortaleza que necesitamos para defendernos de quienes nos debilitan.

Ese plan, desde el principio fue apoyado por Pescador Osuna como subsecretario de la SEP para el Distrito Federal. Él se sentó con nosotros no sólo en muchas reuniones, sino encabezó el diseño curricular para el diplomado piloto (especie de propedeútico) que se impartió en la Universidad Iberoamericana durante tres ocasiones a unos 160 periodistas, entre no titulados y empíricos. Ese proceso –-plan piloto y promoción del acuerdo– nos llevó cuatro años hasta que Pescador firmó el acuerdo 286. Pero lo echaron a dormir.

Se torció

Las y los colegas que animosamente cursaron los diplomados en la UIA, se quedaron colgando de la brocha porque los nuevos mandamases de la SEP desde 1995 se atolondraron o no quisieron aplicar el programa y extenderles los titulos después de haber comprobado más de cinco años de experiencia y aprobar las 11 materias del diplomado durante 160 horas de clases presenciales con los mejores periodistas y académicos de entonces.

Fue hasta 2009 cuando el acuerdo se revitalizó un poco con varias desventajas. Se trasladó al Ceneval y ahí malentendieron que era una especie de certificación para el trabajo, incluso por algunas razones, supongo que políticas, se hizo un mal acuerdo con el Club Primera Plana que encabezaba Teodoro Rentería y este promovió entre sus afiliados  que entregaran sus datos, papeles que comprobaran experiencia y en varios casos que yo me enteré, cantidades entre 3 mil y 6 mil pesos, para recibir a cambio CERTIFICADOS, no títulos de licenciatura. Ignoro cuantos certificados de estosa se entregaron con el aval de la SEP y si el dinero que corrió fue transparentado.

Paralelamente hubo un proceso similar para certificar, ese sí con cierto rigor académico, con la escuela de periodismo Carlos Septien que no ha podido promover las cantidades necesarias.

Por todo, creo que ya hacía falta que el titular de la SEP viera el programa que deriva del acuerdo 386 para alentar nuevamente lo que debe ser un programa nacional de profesionalización de periodistas, programa que ni parcialmente tiene ninguna universidad, ni siquiera como programa de actualización continua y menos de titulación.

La cuarta cosa, Otto

De veras no recuerdo cuando comenzamos a tutearnos. Quizá fue en aquella reunión en la casa de Raymundo Riva Palacio cuando tu y José Carreño Carlón —como comunicadores salinistas– criticaban que los periodistas no habían podido crear organizaciones profesionales que fueran interlocutoras válidas con los gobiernos. O fue, mucho después, cuando tu llegaste a Milenio, como académico del ITAM a charlar con editores y reporteros y que al despedirte, me espetaste: “Ya portate bien Rogelio”, frase que por cierto todavía no entiendo a que te referías, pero tampoco importa como saber cuando nos hablamos de tu, como si fuesemos amigos.

Si hubiera ocasión de intercambiar pondría a discusión contigo partes de tu discurso en la ceremonia de entrega de diplomas a los 76 periodistas licenciados el 23 de febrero. Concordaré con tu acerto de que una “condición para que una democracia funcione con un sistema eficaz de pesos y contrapesos…son también los medios de comunicación”.

Pero discreparé en la imagen que manejas de que la profesionalización de los periodistas debe “explorar la naturaleza de la relación entre los propietarios de los medios y sus propios periodistas”, difiero porque le falta a esta figura la responsabilidad del Estado de atender a esta actividad de interés público, o sea a sus instituciones educativas como en este caso pero también las laborales y de seguridad.

Por último, secretario Granados Roldan, aunque sobre pedirle que cumpla con sus obligaciones, porque para eso tiene pagos con recursos públicos, solicito que continue con ese modesto programa de titulación basado en el acuerdo 286. Mientras más capacidades y fortalezas tengamos los periodistas haremos mejor trabajo.

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