Pontigo Loyola, ¿amnesia social?

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Alberto Witvrun.-El maestro Adolfo Pontigo Loyola uno de los pocos sobrevivientes del grupo original que se apoderó de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) llevando a la rectoría a Juan Alberto Flores Álvarez que compitió contra Javier Romero Álvarez y Nicolás Licona Ruiz en 1982 y que vendiera su Mustang blanco para financiar parte de esa campaña, 36 año después en calidad de rector pidió públicamente en reciente conferencia de prensa que nos olvidemos del pasado, porque hay quienes insisten en lo que pasó hace 30 años, porque para él “esta universidad es otra”.

No solo lamentable sino que es peligroso para una universidad que debe privilegiar en la academia la memoria histórica de las sociedades, que su rector pretenda que se olviden los agravios que sufrieron los hidalguenses para que el grupo que encabeza su jefe político Gerardo Sosa Castelán verdadero poder en la institución, para que un reducido grupo cada vez menor haya secuestrado a la universidad.

Hoy en efecto la UAEH es otra, sufre como todas las instituciones de educación superior públicas de gigantismo y si bien hay logros, no en todas las áreas hay excelencia ni todo es color de rosa, ni todo es transparencia en la universidad, pero más allá de eso, resulta irresponsable pedir que ya no se mencione que hizo la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH) brazo armado del otrora poderoso Grupo Universidad que logró en base a la violencia extender temporalmente su poder a 17 municipios e influir en sindicatos como el de salud y el minero en la década de los 80s.

No se le puede pedir a la familia de Fernando Sánchez Vega, asesinado por Alfredo Monroy quien fuera presidente de la Preparatoria 1 en 1985; tampoco a los deudos de Claudia Estela Gómez Sánchez, quien recibió accidentalmente un disparo realizado en el bar Porkys en 1987 por Sabas Salinas González en ese momento diputado local y a quien Gerardo Sosa impuso como sucesor en el sindicato burócrata.

O hacer como que ya nadie se acuerde del asalto al ayuntamiento de Tlanalapa por un grupo de estudiantes encabezados por Rafael Lobatón, porque al alcalde se le ocurrió retener maquinaria a una empresa ligada al Grupo Universidad que incumplió un contrato, o también que en septiembre de 1985 después de sepultar a Tomás Carbajal Islas estudiante de la Preparatoria 2, muerto en un choque con policías municipales, encabezados por Agustín Sosa Castelán que llegó con pistola en mano, quemaron la presidencia municipal de Tulancingo.

Así que porque lo pide el rector también debemos olvidar que en noviembre de 1984, un grupo de estudiantes armados secuestraron al delegado nacional del PRI Miguel Ángel Barberena Vega que después fuera gobernador de Aguascalientes, porque se negó a que fuera candidato a presidente municipal de Atotonilco de Tula, Mario Salinas; también de que en mayo de 1989 fue detenida en Huejutla la banda de Edilberto Reyes Gómez (El Edy) y Fortunato González Islas, uno dirigente estudiantil y el otro profesor, que azolaba la región, tampoco podrán la familia del subgerente de Teléfonos de México en Tulancingo olvidar que fue asesinado por Rubén “El Cuervo” miembro de la desaparecida FEUH.

Y no se puede entender que el rector de una institución cuya esencia debe ser privilegiar la historia y la ciencia haga una petición de esta naturaleza; porque la UAEH tiene la obligación de formar personas capaces de relacionarse unas con otras, no sólo embutirles conocimientos técnicos; porque siempre en la inteligencia que proviene de una formación integral está la capacidad de entender porque algo ocurre y quizá que ocurrirá, y si olvidamos esa historia no se podría entender porque Gerardo Sosa Castelán, tiene el control de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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