Tulancingo, 32 años después

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Al Tartufo universitario, con nombre de detergente.

Alberto Witvrun.-El 21 de septiembre se cumplieron 32 años de que la 52 Legislatura local decretara desaparición de poderes en Tulancingo de Bravo para capitalizar la venganza política del gobernador Guillermo Rossell de la Lama en contra del presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Adolfo Lugo Verduzco, que a la postre sería su sucesor y, canceló por primera vez las aspiraciones de José Guadarrama Márquez de gobernar Hidalgo.

La trama se tejió después de que la noche del 18 de septiembre de 1985 un grupo de preparatorianos enfrentaron a policías resultando herido de bala Tomás Carbajal Islas; el estudiante de la Preparatoria 2 de la Universidad Autónoma de Hidalgo (UAH) fue trasladado a la Ciudad de México al Centro Médico Nacional donde pereció en el temblor del 19.

Fue el pretexto; el secretario de Gobierno José Guadarrama pidió al jefe del entonces poderoso Grupo Universidad, Gerardo Sosa Castelán; utilizar a su brazo armado la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH) para crear un ficticio caos que “sustentara” la desaparición de poderes y deponer al alcalde Luis Roche impuesto por Lugo Verduzco por encima de Guillermo Rossell que impulsó al empresario Fernando de la Peña.

Nombrado un consejo de administración encabezado por Aurelio Marín, para terminar de justificar la medida, los “estudiantes exigieron justicia” en el sepelio de Tomás Carbajal y decidieron quemar la presidencia; del panteón de El Paraíso los porros se dirigieron a la alcaldía, encabezados por el dirigente de la Prepa 2 Agustín Sosa Castelán.

A bordo de un auto Samuray pistola en mano ordenó la quema de la presidencia, después de sacar dos tambos de gasolina de un taller de enfrente, mientras la horda estudiantil lanzaba piedras a las ventanas y tras un par de disparos al techo del inmueble derramaron el combustible y prendieron fuego; cumplido el cometido todavía realizaron destrozos en la sede regional de justicia.

La operación fue dirigida desde un autobús por Gerardo Sosa quien fue enterado de los pormenores por su jefe de prensa +José Luis Martínez. El objetivo del Grupo Universidad era jugar dos cartas para la sucesión en el gobierno de Hidalgo en 1987: José Antonio Zorrilla Pérez más tarde acusado del homicidio del periodista Manuel Buendía y José Guadarrama y obstaculizar la llegada de Adolfo Lugo.

Lo que marcó la posterior confrontación del Grupo Universidad con Lugo Verduzco al llegar este al gobierno hidalguense, pugna que terminó con el “exilio” de nueve meses de Gerardo Sosa a Boston, Massachusetts, E.U. en septiembre de 1990, gracias a la intermediación de Mario Higland Gómez, consejero de la familia Rojo – Lugo y entonces representante de Hidalgo en la Ciudad de México.

Esto le impidió a Gerardo Sosa intervenir en el proceso interno del PRI para presidentes municipales, pero le permitió prolongar hasta la fecha su vida política y le garantizó el control en la UAEH. Por eso intentar descalificar a quien tiene memoria mediante un artículo en el periódico del ahora Clan Sosa, firmado por un funcionario universitario que no porque tenga nombre de detergente puede lavar la parte negra de la historia de su ahora jefe político.

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